Changement d’hémisphère, changement d’air. Me voilà à Mexico. La taille des 4x4 et des pick-up contraste avec les pots-de-yaourt sud coréens des taxis de Lima. Par une sorte de phénomène de capillarité, plus on remonte vers le nord du continent américain, plus la fièvre consumériste se fait sentir. Mexico a maintenant tout d’une capitale de pays développé : une mairie de gauche qui installe des couloirs de bus et des patinoires gratuites en face de l’Hôtel de ville, des embouteillages, un quartier homo, des restaurants de sushis à tous les coins de rues et des jeunes bourgeois en jean slim.
Mais avant d’y arriver, j’ai suivi la route de la drogue. A savoir Lima-Bogota-Mexico, en empruntant le vol de la compagnie colombienne Avianca numéro 072. Selon le quotidien mexicain El Universal, des kilos de cocaïne, de marihuana et de drogues synthétiques en tout genre sont saisis chaque année sur ce vol, connu comme étant le « vol favori des narcotraficants ». Tout s’explique, je comprend à présent pourquoi en plus des traditionnels rayons X, mes bagages ont été reniflés par les truffes infaillibles des chiens juste avant que je monte dans l’avion.
dimanche 23 décembre 2007
De Cusco aux ruines du Machu Picchu
A Cusco, l'espagnol semble être la seconde langue d'une population à 80% quechua. Musique, habits, opinions politiques, la vallée de l'Urumbamba (le fleuve qui coule au pied du Machu Picchu, "le vieux pic") conserve encore des traditions qui en font une région à part au Pérou, dont la fierté vient d'être décuplée par l'élection du site du Machu Picchu comme l'une des 7 merveilles du monde.
Cusco c'est aussi un paradis touristique avec tous les contrastes qui en découlent. Les touristes fatigués par l'altitude (3200 mètres) sont constamment harcelés par les rabatteurs des restaurants et des boutiques d'artisanat. Tout est fait pour canaliser les touristes vers de sentiers battus qui s'écartent toujours plus du quotidien de la population locale. Entre Cusco et le Machu Picchu, isolé dans les montagnes, seul un train permet d'accéder au pied des ruines. La compagnie hispano-chilienne qui l'exploite, sépare les locaux et les étrangers. Un train réservé aux touristes coûte 60 dollars, tandis que la population locale s'entasse dans un interminable tortillard à 10 dollars. Quant au site lui-même, il affiche des tarifs prohibitifs pour les routards de passage, et pour les péruviens eux-mêmes dont la majorité ne connaîtra jamais la splendeur des ruines pré-incas.
Dans ce flot de touristes, ont fait parfois des rencontres originales. Les tours opérateurs déversent des flots de retraités américains et européens rougis par le soleil, prêts à payer 1000 dollars la nuit pour l'hôtel grand luxe installé au sommet des ruines tant convoitées. Les bagpackers étudiants et les hippies mystiques à la barbe blanche se contentent eux de motels économiques aux douches froides.
Pour illustrer ce voyages et compléter ces quelques lignes d'ambiance, je vous propose un diaporama. A très bientôt, sous d'autre lattitudes.
Cliquer sur le diaporama pour avoir les photos en plus grande taille et les légendes completes.
Libellés :
Carnets de voyages,
Pérou
jeudi 6 décembre 2007
Chófer, ¡música!
Un día regresando a mi casa desde el centro de Lima, subí en un microbús donde no había mucha gente. En las combis evito entrar porque son demasiado bajos de techo y siempre tengo que doblarme varias veces para caber. Este medio de transporte típico de las metrópolis latinoamericanas es el producto de la falta de medidas en materia de transportes públicos como las líneas de buses, el metro o el tranvía. En Lima, habría 50000 combis en las calles. 
Mi carro arrancó con una ruidosa y penosa aceleración al principio de la avenida Salaverry vacía. Eran las 2 de la tarde. Empecé a mirar por la ventana como siempre, en busca de alguna afiche típica de concierto, de esas con letras gruesas y coloradas que recuerdan los años psiquedélicos-, o de alguna antigua casa de las que me encantan fotografiar.
Pero estuve rápidamente interrumpido por la subida de una niña de apenas 10 años. Me sentí muy incómodo al ver sus harapos, su cara polvorienta y su cabello mal peinado. No entendí nada de lo que dijo ella dirigiéndose a los viajeros. Hablaba con el tono típico de los mendigos de las combis. Sin embargo, después de haber dicho « que dice así », la niña saco un peine largo, con el cual empezó a raspar una lata de metal sin papel. Dos de estos objetos insignificantes de lo cotidiano produjeron de repente un ruido muy claro, imitando perfectamente el ruido del güiro. Este instrumento tradicionalmente tallado en la madera de calabaza y que tiene estrías. Con un peine se lo raspa para producir un ritmo animado que siempre se halla en la cumbia y más generalmente en la música latinoamericana.
El uso de dos instrumentos del cotidiano moderno, -la lata y el peine de plástico- daban un efecto más miserable aún a esta niña. De repente se puso a cantar temas quejumbrosos y románticos. Se percibía su esfuerzo vocal para que todos los pasajeros la oyeran. « Amor », « corazón », « yo », « tú » eran las palabras que podía entender entre los ruidos del motor del carro. Al final del tema pasó entre los pasajeros y como siempre frente a los mendigos que me piden limosna, me quedé incómodo, paralizado. En una palabra: tonto. Y mientras vacilaba en darle una moneda, la niña se escapó por la puerta delantera.
Este encuentro hizo percatarme de que los micros han sido para mí el lugar de encuentro con la música peruana. Por siempre me quedaré « embrujado » por el grupo Kaliente, me siento « el gran conquistador » por Los Niches y seguramente lloraré « como el arbolito » de Grupo Néctar. Estos grupos son los que ahora tienen mayor éxito en Radio Panamericana, que parece ser la emisora más popular entre los chóferes de transportes públicos limeños.
Pero cuantas veces, después de haber corrido para atrapar el vehiculo que tome la ruta que quería, me sentí tranquilizado por la música salsa, cumbia o merengue. Muchas veces, cuando los bajos emiten a fondo los ritmos de alguna canción exitosa, me doy cuenta de que muchos pasajeros mueven sus labios en silencio. Es la gran diferencia entre el metro en Paris donde la gente esta ensimismada, puesto que cada quien tiene su lector MP3. En Lima, el transporte se convierte en un momento de comunión musical durante la cual los pasajeros parecen olvidar el amontonamiento, las uñas largas y sucias de los cobradores y el manejo asesino de los chóferes, a lo menos para algunos minutos. A lo largo de mis viajes, sentí que el ritmo es lo que hace soportar la brutalidad y el peligro de los viajes en combis y micros. Tanto para el chofer como para el cobrador o para el viajero, la música permite distraer los sentidos que serían agredidos por el ruido de los cláxones y el olor apestoso de las calles obstruidas.
Pero estuve rápidamente interrumpido por la subida de una niña de apenas 10 años. Me sentí muy incómodo al ver sus harapos, su cara polvorienta y su cabello mal peinado. No entendí nada de lo que dijo ella dirigiéndose a los viajeros. Hablaba con el tono típico de los mendigos de las combis. Sin embargo, después de haber dicho « que dice así », la niña saco un peine largo, con el cual empezó a raspar una lata de metal sin papel. Dos de estos objetos insignificantes de lo cotidiano produjeron de repente un ruido muy claro, imitando perfectamente el ruido del güiro. Este instrumento tradicionalmente tallado en la madera de calabaza y que tiene estrías. Con un peine se lo raspa para producir un ritmo animado que siempre se halla en la cumbia y más generalmente en la música latinoamericana.
El uso de dos instrumentos del cotidiano moderno, -la lata y el peine de plástico- daban un efecto más miserable aún a esta niña. De repente se puso a cantar temas quejumbrosos y románticos. Se percibía su esfuerzo vocal para que todos los pasajeros la oyeran. « Amor », « corazón », « yo », « tú » eran las palabras que podía entender entre los ruidos del motor del carro. Al final del tema pasó entre los pasajeros y como siempre frente a los mendigos que me piden limosna, me quedé incómodo, paralizado. En una palabra: tonto. Y mientras vacilaba en darle una moneda, la niña se escapó por la puerta delantera.
Este encuentro hizo percatarme de que los micros han sido para mí el lugar de encuentro con la música peruana. Por siempre me quedaré « embrujado » por el grupo Kaliente, me siento « el gran conquistador » por Los Niches y seguramente lloraré « como el arbolito » de Grupo Néctar. Estos grupos son los que ahora tienen mayor éxito en Radio Panamericana, que parece ser la emisora más popular entre los chóferes de transportes públicos limeños.
Pero cuantas veces, después de haber corrido para atrapar el vehiculo que tome la ruta que quería, me sentí tranquilizado por la música salsa, cumbia o merengue. Muchas veces, cuando los bajos emiten a fondo los ritmos de alguna canción exitosa, me doy cuenta de que muchos pasajeros mueven sus labios en silencio. Es la gran diferencia entre el metro en Paris donde la gente esta ensimismada, puesto que cada quien tiene su lector MP3. En Lima, el transporte se convierte en un momento de comunión musical durante la cual los pasajeros parecen olvidar el amontonamiento, las uñas largas y sucias de los cobradores y el manejo asesino de los chóferes, a lo menos para algunos minutos. A lo largo de mis viajes, sentí que el ritmo es lo que hace soportar la brutalidad y el peligro de los viajes en combis y micros. Tanto para el chofer como para el cobrador o para el viajero, la música permite distraer los sentidos que serían agredidos por el ruido de los cláxones y el olor apestoso de las calles obstruidas.
Libellés :
Pérou
Au Pérou, fin de roue libre pour les casinos
« Mon but, comme tout croupier c’est de travailler un jour à Las Vegas. Là-bas on paye bien ». Amelia pensait d’abord que le métier de croupier lui permettrait de gagner un peu d’argent pour financer ses études d’architecture à Trujillo, dans le nord du pays. Six ans plus tard, n’ayant pas trouvé de travail dans sa branche, cette jeune femme continue à gagner sa vie en travaillant de nuit dans un casino de Miraflores, le quartier touristique de Lima. Elle est employée à l’Hacienda, l’une des multiples salles de jeux aux façades kitsch qu’on trouve en très grand nombre dans la capitale péruvienne. La nuit, les murs poussiéreux des ruelles sombres sont éclipsées par les enseignes portant des noms exotiques comme Golden Palace, Copacabana ou Mardi Gras en lettres brillantes. Impossible de rater les décors en carton pâte de bateaux ou de carnaval qui surmontent les murs colorés des casinos. Le New York de l’avenue Pershing affiche même une réplique de la statue de la liberté sur son toit.

Ces salles de jeux incarnent l’illusion du rêve américain à portée de main. Elles encouragent à la débauche dépensière soumise au hasard. Personnellement, j’y vois un pied-de-nez géant à ces enfants qui jonglent aux feux rouges pour quelques pièces, à ces mères esseulées qui vendent des bonbons ou à ces ex-taulards qui quémandent du boulot dans les transports publics.
Intrigué par cette bizarrerie paysagère – je n’avais jamais vu une telle concentration de casinos dans une même ville que ce soit en Europe ou en Amérique latine, j’ai demandé à un chauffeur de taxi s’il y avait toujours eu autant de casinos à Lima. Réponse de mémoire de liménien : « c’est un phénomène récent, ils sont apparus il y a environ 15 ans et il y en a de plus en plus ».
C’est en juillet 1999, précisément, que le gouvernement d’Alberto Fujimori a promulgué la loi régulant l’exploitation des casinos et des machines à sous. Les trois objectifs de la loi étaient de promouvoir le tourisme, de générer des rentrées fiscales et de protéger la population contre les risques du jeu. Résultat neuf ans plus tard, dans les quartiers pauvres, riches, en province ou sur les grandes avenues de la capitale, les salles de jeux s’affichent partout sans exception. Selon les chiffres officiels, le Pérou en compte 840 ! En comparaison avec la France, le Pérou possède huit fois plus de casinos par habitant. Mais au Pérou, point de nœud papillons ni de cigares dans les salles de jeux. Le pays ne compte que huit casinos, tous concentrés à Lima. En réalité il faut distinguer les casinos à proprement parler, qui s’adressent à une clientèle aisée, des salles de jeux où l’on ne trouve que des machines à sous. Ces salles ne possèdent pas de tables de jeux de cartes ni de roulettes, seulement des « tragamonedas » qui fonctionnent 24h sur 24 et qui portent bien leur nom en traduction littérale « avale-monnaies ». Les casinos eux, ne peuvent ouvrir leurs portes que la nuit selon la législation.
Un héritage encombrant
Après huit ans de flou juridique autour de l’ouverture des établissements de machines à sous, la nouvelle administration du ministère du Tourisme et du commerce extérieur (MINCETUR) a décidé de reprendre le contrôle sur cette activité. Une gigantesque opération de récupération fiscale a été mise en marche après des années d’amnistie. En 2006, l’activité des salles de jeux a généré plus de 700 millions de soles de ventes (soit 190 millions d’euros) ; alors que jusqu’au début de l’année 2007, l’Etat ne percevait que les broutilles vu que l’impunité fiscale était la règle. Au ministère du Tourisme, la question des casinos était jusque-là considérée comme le « vilain petit canard » comme l’avoue le contrôleur général des casinos et des salles de jeux du Pérou, Manuel San Roman.
Ce haut fonctionnaire est arrivé il y a un an et demi donner un coup de balai dans le milieu des casinos qui opéraient jusque-là principalement grâce à des juges de province qui avaient distribué des autorisations d’exploitation. Des juges sur lesquels pèsent de gros soupçons de corruption. Ces dernières années, les opérateurs de casinos ont multiplié les recours constitutionnels pour se soustraire au processus d’autorisation. « Les opérateurs retiraient des autorisations nationales dans des tribunaux de provinces reculées où l’électricité n’existait même pas. De là, ils proposaient à qui que ce soit de s’associer avec eux, moyennant finance, pour exploiter des machines parfois non homologuées » détaille le contrôleur général. « Le ministère a du déposer une plainte contre le pouvoir judiciaire qui avait assumé des compétences qui nous correspondaient. Cela paraissait illogique à tout le monde : l’Etat qui attaque l’Etat en justice ! Mais finalement le Tribunal constitutionnel nous a donné raison et toutes les autorisations d’exploitation ont été annulées en février 2007 ».
Aujourd’hui, que sont devenus ces juges ?
Manuel San Roman se rappelle une conversation avec le président de la Cour suprême. « Nous sommes allés voir le président de la Cour suprême qui nous a dit ‘Nous avons 2000 juges au Pérou, parmi lesquels une vingtaine ont parfois posé problème’. Aujourd’hui, ces juges ont été dénoncés par notre procureur ad hoc, du ministère, et très souvent le pouvoir judiciaire nous a donné raison ».
Cette annulation a permis au ministère du Tourisme de reprendre la main en matière d’autorisation des casinos : entre décembre 2006 et mars 2007, les opérateurs ont eu 90 jours pour déposer des demandes d’exploitation en bonne et du forme. «Mais comme souvent au Pérou, les gens ont attendu le dernier moment. Le dernier jour, il y avait la file car tous les opérateurs se sont dit ‘il faut y aller sinon ils nous fermeront nos établissements’ ».
Confiscations
Aujourd’hui, l’essentiel de l’activité de la division « casinos » du ministère du Tourisme consiste à délivrer des autorisations d’exploitation à l’issue d’une enquête d’homologation. Les machines d’abord : pour être homologuées, elles doivent redonner 85% des mises aux joueurs, au terme de plusieurs millions de mises. Les établissements ensuite : ils doivent être aux normes de sécurité, interdits aux mineurs et situés à plus de 150m des écoles et des lieux de culte. Enfin vient l’enquête financière pour déterminer s’ils sont tenus par des sociétés saines.
-Vous ne craignez pas la prolifération du blanchiment d’argent ?
San Roman l’assure : «L’unité d’investigation financière qui contrôle tous les opérateurs n’a signalé pour l’instant aucun cas suspect ».
Le travail d’homologation permet également de faire rentrer les casinos et salles de jeu dans le giron fiscal de l’Etat, auquel ils avaient échappé jusque là. Or aujourd’hui, on comprend pourquoi l’ambiance est plutôt bonne dans le bureau de Manuel San Roman à San Isidro. Sur un mur, à côté de la liste des établissements autorisés, il affiche la courbe ascendante de l’impôt perçu sur les casinos depuis son arrivée. Le montant total est passé de 3 à 12 millions de soles par mois. « On prévoit d’atteindre les 16 millions, compte tenu de nos calculs de perception de l’impôt sur les 60 000 machines à sous que compte le Pérou ».
M. San Roman n’hésite pas mettre en avant ces nouveaux revenus pour demander des moyens supplémentaires lorsque le comptable du ministère lui rend une visite impromptue. Selon la répartition fixée par la loi, 15% de l’impôt sur les salles de jeux tombent dans l’escarcelle du ministère du Tourisme. « Il serait temps d’acheter de nouveaux véhicules pour les opérations de confiscation. L’autre jour lors de la fermeture d’un établissement clandestin à San Martin de Porras, notre fourgon nous a posé des problèmes, alors que toute la presse était là ! ». « On en était presque à pousser nous-même le véhicule », ironise l’un de ses assistants.
En effet les salles de machines à sous qui n’ont pas déposé de demande d’autorisation sont condamnées à être fermés. Régulièrement, des opérations de confiscation sont organisées. La présence de la police est nécessaire car parfois, ces opérations ne se passent pas sans heurts : « Je me souviens d’une fois où l’on a fait fermer une salle, mais quand nous sommes arrivés pour saisir les machines à sous, la population nous est tombée dessus ! Pourquoi ? Car le casino donnait de l’argent à la population pour les évènements publics. C’était une vraie autorité », se rappelle San Roman.
L’autre volet du travail du contrôleur général des casinos consiste à lutter contre les « machines chinoises ». Fabriquées de manières artisanales, on les trouve dans les boulangeries, les marchés de quartier, ou les petites épiceries. Elles sont destinées aux enfants et sont souvent décorées de Pokemon ou d’autres figures de dessins animés à succès. Les autorités craignent qu’elles ne sèment l’obsession du jeu chez les plus jeunes.
Manuel San Roman, le contrôleur général des casinos incite donc le public à signaler les commerces qui exploitent ces machines en grand nombres. Un numéro de téléphone a d’ailleurs été mis en place pour les dénonciations. Chaque fois qu’une machine à sous destinée aux enfants est signalée, elle est saisie. Deux fois par semaine environ, le ministère fait saisir et détruire ces « machines chinoises », qui font fureur auprès des enfants.
Car au-delà de la clandestinité économique, les machines à sous pour enfants risquent de fabriquer à la chaîne des accros au jeu. Dès la libéralisation des casinos en 1999, les autorités n’étaient pas dupes des effets pervers du jeu de hasard sur la santé publique. Ainsi, la loi consacrait une partie de l’impôt des casinos à des campagnes de prévention.
Incurable
« Avez-vous déjà empiété sur votre temps de travail ou sur vos cours pour aller jouer au casino ? Vous est-il déjà arrivé de jouer pour résoudre des problèmes financiers ? Avez-vous déjà parié pour oublier vos problèmes ? ». Ces questions sont posées dans une brochure distribuée dans les casinos et intitulée « Pour un jeu responsable ».

Cette brochure est l’œuvre des professionnels des salles de jeux qui veulent responsabiliser les joueurs et favoriser la détection de cas éventuels de ludopathie. Un néologisme tiré du latin ludare qui signifie « jouer » met un nom sur la pathologie du jeu compulsif. Petit à petit, la préoccupation pour a pris de l’ampleur même si on sait peu de choses à l’échelle nationale car le Pérou manque encore de chiffres concernant la ludopathie. Mais au Centre d’information et d’éducation pour la prévention de la toxicomanie à Lima (CEDRO), le constat est sans appel : « Depuis les années 2000, les statistiques montrent que cette addiction devient un problème de santé publique. Il y a une coïncidence avec l’augmentation du nombre de salles de jeux ». Cela fait 19 ans que le centre existe et « avec le temps de plus en plus de gens se sont présentés à nous avec des problèmes liés aux jeux. La demande de soins a augmenté et c’est pour cela qu’on a créé un service d’aide spécialisé », explique Alonso Vergara Tassara, psychologue spécialiste en traitement des addictions liées aux jeux de hasard.
La prévention est d’autant plus nécessaire «qu’on ne peut guérir du démon du jeu et le seul moyen de s’en sortir est d’acquérir ou de renforcer ses capacités de résistance pour mieux contrôler les situations qui poussent à jouer », avertit le spécialiste.
Pourtant, la préoccupation des autorités semble être récente. Pour le moment, les professionnels de la santé observent que rien n’est fait pour avertir la population des dangers du jeu. « Si l’on ne mène pas une politique de fermeté, le nombre de machines à sous augmentera, tout comme les cas de ludopathie. Il doit y avoir des affiches rappelant que le jeu peut être nuisible pour la santé. Mais pour l’instant il n’y a pas le moindre message. Comme à l’Atlantic City, récemment installé sur l’avenue Benavides, ce bâtiment est un mastodonte », déplore Alonso Vergara. Ce psychologue suggère la diffusion de spots télévisés et de messages similaires à ceux apposés sur les paquets de cigarettes.
Ludopathe
Les différents motifs qui poussent à jouer ont mené les autorités à établir une typologie entre les joueurs. Le ministère du Tourisme et le centre de lutte contre les drogues distinguent d’abord le « joueur socialisé », qui joue pour se divertir tout en étant capable d’arrêter de jouer lorsqu’il le souhaite. En second lieu on trouve le « joueur à problèmes » qui parie souvent, se contrôle moins et rencontre parfois des problèmes liés au jeu. On a enfin le « joueur pathologique » qui n’a aucun contrôle sur le jeu et voit ses relations personnelles se détériorer. L’attirance pour l’argent facile, l’excitation liée au pari font la différence entre le divertissement et l’addiction.
A l’échelle du centre de prévention et d’aide de Lima, la « ludopathie » occupe le 4e rang en terme de nombre de personnes soignées, après le cannabis, l’alcool et la cocaïne. Sur les 1818 patients en 2006, 12% ressentaient cette envie compulsive de jouer, doublée d’une excitation et d’une tension au moment de miser de l’argent au casino. Selon les statistiques du CEDRO, la majorité des patients frappés de ludopathie sont des hommes entre 25 et 35 ans. Mais malgré cela, n’importe qui peut être touché par la ludopathie, et quelque soit le contexte économique, social, sexuel, religieux dans lequel vit la personne ».
L’obsession pour les machines à sous et les casinos est un phénomène nouveau et va de pair avec l’évolution des jeux de hasard. « Depuis longtemps les jeux ont quelque chose de culturel », rappelle le psychologue du CEDRO. Mais les machines à sous semblent avoir pris le pas sur les jeux de bon papa. « L’hippodrome attire moins de monde, certaines arènes de combats de coqs ont fermé comme celles de Surco ou San Juan de Miraflores. Les loteries perdent de l’importance au profit des jeux qui font appel à la technologie ». Or les machines à sous rendent le joueur beaucoup plus passif. «L’électronique favorise plus l’addiction dans le sens où il n’y pas d’effort à faire. Avant, les courses de chevaux impliquaient des calculs, ou un investissement dans un cheval par exemple. Avec les machines, le joueur se dit ‘je m’assoie et j’appuie sur le bouton’ » explique Alonso Vergara.
Rouge ou noir
Abondance et confort, les casinos et les salles de jeu ont bien rodé leur technique d’incitation au jeu. Et que les clients pauvres se rassurent, certaines machines à sous permettent de jouer simplement quelques pièces de monnaie. Cigarettes, nourriture et bien sûr alcool sont en distribution gratuite ; d’autant que d’innombrables serveuses en mini jupe évoluent entre les tables de jeux pour convaincre les clients à consommer. Selon les données récentes d’une grande banque péruvienne qui compte plus d’un million de clients, les casinos représentent le 4e poste de dépense de consommation pour le total de sa clientèle.
Personnellement, je n’avais jamais mis les pieds dans un casino. L’accès y est interdit aux mineurs et après mes 18 ans je n’ai jamais eu l’occasion d’y aller puisqu’il n’y aucune salle à Paris. Et de toute façon dans mon esprit, les casinos étaient des lieux très sélectifs seulement accessibles à quelques personnes ayant les moyens de jouer leur argent. Dans mon imaginaire le casino restait tout même cet endroit où résonne le bling bling les pièces de monnaie se déversant par milliers dans les bacs à jetons de quelque veinard.
Un soir, avec deux amis, je décidais donc d’aller batifoler sur les moquettes épaisses de quelque casino. J’ai choisi l’Atlantic city et son porche démesurément grand, entouré de deux cascades artificielles donnant sur la rue. Il est situé en face d’un hôtel 5 étoile et sa clientèle se compose de beaucoup de touristes.
À l’entrée, deux grosses portes opaques étaient gardées par un vigile déguisé en magicien, haut-de-forme et cape de rigueur. La porte d’entrée donnait sur la salle des machines à sous. Dans ce labyrinthe, quelques joueurs aux yeux rivés sur leur écran et le visage presque indifférent, appuyaient machinalement sur le bouton de lancement des figures à aligner pour gagner le fameux bingo. Plus loin, dans l’espace des jeux de cartes, des femmes plutôt âgées, des hommes de 30 ou 40 ans, ainsi que des touristes aux mines peu engageantes étaient accoudés aux tables. « Ça sent le vice » m’a alors dit l’une de mes amies, elle aussi mal à l’aise de se retrouver dans cette ambiance.
Dans un coin de la salle, le visage gris et les traits tirés, un homme commençait à s’énerver sur une table de black jack. Il redemandait des cartes d’un geste brutal qui ne paraissait affecter en rien la croupière. Cette dernière continuait impassiblement à manipuler avec une incroyable dextérité les jetons lourds et les cartes sur le tapis vert. Bam ! Le joueur a alors frappé un coup violent sur la table après avoir perdu pour la septième fois consécutive, assez rare au black jack, un jeu facile et instantané. Le croupier distribue des cartes à chacun des joueurs qui ont pour objectif d’atteindre un total le plus proche possible de 21, en additionnant leurs cartes. Chaque joueur est contre la banque et lorsque plus personne ne demande de cartes, le plus proche de 21 gagne la valeur de sa mise.
À mon tour, avec un ami, j’ai misé 60 dollars. Dix minutes après, nous avions empoché 10 dollars, largement suffisants pour un début au casino. Dans un autre casino, nous avons également gagné, 20 dollars cette fois, de quoi se payer une entrée dans un bar à musique live, histoire de calmer les palpitations de mon cœur suspendu pendant une demi-heure au défilement des rois de cœur et des dames de trèfles lors de ma partie de black jack.
Pour être retourné à l’Atlantic City, j’ai pu constater que ce casino était probablement l’unique endroit du Pérou où l’on ne vérifiait ni les billets de banque, ni les pièces de monnaie. Une pièce de deux soles qu’on m’avait refusée partout m’a été acceptée sans aucune hésitation au casino. Quant aux coupures de 100 soles, les guichetières les prennent sans s’attarder une seconde pour vous les changer en jetons de casino. On est loin des petites épiceries de Lima où les caissiers se livrent à un cérémonial de vérification des billets pour chaque client. Combien de fois je suis resté bouche bée lorsqu’on scrutait, grattait, étirait un simple billet de dix soles pour vérifier s’il n’était pas faux.
Diversion ou addiction
Au casino l’Hacienda, à Miraflores toujours, là où travaille Amelia, la croupière qui a bien voulu répondre à mes questions, l’ambiance est moins fastueuse. Ici, la mise minimale est de cinq soles, soit à peine plus d’un euro. « Les tables de jeux attirent surtout les hommes d’environ 40 ans tandis que les machines à sous séduisent surtout des femmes de 50 à 60 ans», observe Amelia, croupière dans cet établissement de jeux depuis huit mois. « Ici la clientèle se compose surtout de gens qui viennent pour gagner, il y a beaucoup de ludopathes. » Rien à voir avec le Sheraton, où Amelia travaillait dans le casino du même nom, jusqu’à ce qu’il ferme ses portes il y a quelques mois. « Là-bas il y avait surtout des touristes. Evidemment, les pourboires étaient meilleurs et les conditions de travail étaient plus agréables. Les gérants étaient américains et nous n’étions pas des ‘employés’ mais des ‘associés’ ». À l’Hacienda, tenu par des asiatiques, les conditions de travail sont un peu moins bonnes : il y a plus de clients, les pauses sont moins longues et un membre de la direction surveille en permanence les croupiers, qui il est vrai, ont la responsabilité supplémentaire de pouvoir changer de l’argent en jetons. « Ils se méfient tout le temps de nous. Dans les casinos, les relations avec les clients doivent être limitées pour éviter toute complicité. Je me rappelle de cas de croupiers qui au moment du recomptage de la caisse vers 7h du matin, faisaient tomber des jetons par terre, les stockaient dans leurs chaussures et les donnaient à des clients pour qu’ils les change en liquide ». Touriste de passage ou obsédé du jeu, le client de casino peut aussi avoir le profil du mauvais joueur. « Certaines personnes ne savent pas perdre. Ce sont surtout les hommes qui s’énervent en jetant leur chaise ou leurs jetons à la tête des croupiers. Lorsque c’est une femme qui donne les cartes, ils se contiennent un peu plus. Un jour, un client ivre et irrité m’a tout de même traitée de hija de puta ».
À l’origine, le « croupier » désignait, par métaphore, l’employé par un banquier pour compter les sous. Le mot signifiait au sens concret « celui qu’on prend en croupe », c’est à dire derrière soi sur un cheval et qui symbolise la relation d’associé dans une entreprise. Aujourd’hui, les croupiers de casinos sont des employés qui manipulent sous forme de jetons, toutes les nuits, des sommes équivalentes à plusieurs fois leur salaire mensuel. Par conséquent, la tentation du vol arrive vite. Mais Amelia me prévient : « C’est très risqué. Je pourrais perdre mon travail pour avoir volé un jeton de 15 soles. Et il y a des vidéos partout ». Au cours de la discussion, Amelia la croupière a reconnu qu’elle avait des projets en tête. Elle apprécie l’ambiance des casinos à Lima mais l’envie de gagner plus d’argent l’a poussé à postuler pour travailler ailleurs. Dans quelques mois, elle passera un examen qui lui permettra peut-être de travailler sur un bateau de croisière. « Le rythme de travail est assez soutenu mais on alterne des périodes de travail de six mois avec des vacances de deux mois, donc le sacrifice vaut le coup ». Et puis qui sait, peut-être que ce nouvel emploi lui permettra d’aller plus au nord, à Las Vegas, la terre promise du rêve américain où rêvent d’aller tous les employés de casinos.
Concurrence
Mais en attendant, Amelia, continue de travailler quotidiennement de 10h à 6h du matin environ, à l’Hacienda. C’est là qu’un soir j’ai fait une rencontre significative. Je me suis assis à une table de black jack, entre une femme âgée au maquillage outrancier et un homme au costume bien ajusté, avec environ 200 soles en jetons devant lui. Entre ses conseils de jeu, j’apprends qu’il s’appelle Emiliano et travaille pour le groupe Thunderbird. Les modulations de son accent et sa prononciation des ‘ll’ trahissent une origine argentine. Il me tend alors une carte de visite annonçant sa fonction chez Thunderbird : « security manager », tout en me glissant à l’oreille qu’il travaille dans la branche casinos du groupe. Argentine, Venezuela, Panama, Emiliano m’énumère les pays dans lesquels il avait travaillé pour le compte de sa firme présente sur tout le continent américain. Il se trouve maintenant au Pérou, avec l’intention de se stabiliser car le groupe dans lequel il travaille venait d’investir 43,5 millions de dollars en 2007 pour le rachat d’hôtels et de casinos. « Ici il y a de quoi faire dans le milieu des casinos et des hôtels », a t’il insisté en prenant l’air expérimenté.
L’entreprise Thunderbird est plutôt bien vue au MINCETUR. San Roman, le contrôleur général des casinos avoue « qu’au fond, nous souhaiterions que se développent les casinos sur les principaux sites touristiques comme à Arequipa, à Cuzco et à Chiclayo ». « Nous cherchons des entreprises aux capitaux solides comme l’entreprise Thunderbird qui vient de racheter les hôtels péruviens Las Américas. Plus qu’une chaîne d’hôtels, Thunderbird est intéressée par le développement de casinos ».
En soumettant les casinos aux même normes, l’Etat espère que le jeu de la concurrence obligera certaines salles à fermer. Moins de machines à sous et plus de salles de casinos, tel est le but des autorités qui veulent canaliser l’activité vers le tourisme et le divertissement. Ainsi, plutôt que de voir grossir la constellation de salles de machines à sous dans lesquelles les Péruviens de toutes les villes de province vident leur porte-monnaie, l’Etat veut favoriser les grosses chaînes d’hôtels-casinos, plus faciles à contrôler. Or pour l’instant, des licences ont été délivrées pour un peu plus de 70 salles seulement, soit environ 10% du total existant. Il faudra donc encore attendre quelques années avant que le Pérou ait totalement repris le contrôle de ses roulettes, tables de poker et autres bandits manchots.
Ces salles de jeux incarnent l’illusion du rêve américain à portée de main. Elles encouragent à la débauche dépensière soumise au hasard. Personnellement, j’y vois un pied-de-nez géant à ces enfants qui jonglent aux feux rouges pour quelques pièces, à ces mères esseulées qui vendent des bonbons ou à ces ex-taulards qui quémandent du boulot dans les transports publics.
Intrigué par cette bizarrerie paysagère – je n’avais jamais vu une telle concentration de casinos dans une même ville que ce soit en Europe ou en Amérique latine, j’ai demandé à un chauffeur de taxi s’il y avait toujours eu autant de casinos à Lima. Réponse de mémoire de liménien : « c’est un phénomène récent, ils sont apparus il y a environ 15 ans et il y en a de plus en plus ».
C’est en juillet 1999, précisément, que le gouvernement d’Alberto Fujimori a promulgué la loi régulant l’exploitation des casinos et des machines à sous. Les trois objectifs de la loi étaient de promouvoir le tourisme, de générer des rentrées fiscales et de protéger la population contre les risques du jeu. Résultat neuf ans plus tard, dans les quartiers pauvres, riches, en province ou sur les grandes avenues de la capitale, les salles de jeux s’affichent partout sans exception. Selon les chiffres officiels, le Pérou en compte 840 ! En comparaison avec la France, le Pérou possède huit fois plus de casinos par habitant. Mais au Pérou, point de nœud papillons ni de cigares dans les salles de jeux. Le pays ne compte que huit casinos, tous concentrés à Lima. En réalité il faut distinguer les casinos à proprement parler, qui s’adressent à une clientèle aisée, des salles de jeux où l’on ne trouve que des machines à sous. Ces salles ne possèdent pas de tables de jeux de cartes ni de roulettes, seulement des « tragamonedas » qui fonctionnent 24h sur 24 et qui portent bien leur nom en traduction littérale « avale-monnaies ». Les casinos eux, ne peuvent ouvrir leurs portes que la nuit selon la législation.
Un héritage encombrant
Après huit ans de flou juridique autour de l’ouverture des établissements de machines à sous, la nouvelle administration du ministère du Tourisme et du commerce extérieur (MINCETUR) a décidé de reprendre le contrôle sur cette activité. Une gigantesque opération de récupération fiscale a été mise en marche après des années d’amnistie. En 2006, l’activité des salles de jeux a généré plus de 700 millions de soles de ventes (soit 190 millions d’euros) ; alors que jusqu’au début de l’année 2007, l’Etat ne percevait que les broutilles vu que l’impunité fiscale était la règle. Au ministère du Tourisme, la question des casinos était jusque-là considérée comme le « vilain petit canard » comme l’avoue le contrôleur général des casinos et des salles de jeux du Pérou, Manuel San Roman.
Ce haut fonctionnaire est arrivé il y a un an et demi donner un coup de balai dans le milieu des casinos qui opéraient jusque-là principalement grâce à des juges de province qui avaient distribué des autorisations d’exploitation. Des juges sur lesquels pèsent de gros soupçons de corruption. Ces dernières années, les opérateurs de casinos ont multiplié les recours constitutionnels pour se soustraire au processus d’autorisation. « Les opérateurs retiraient des autorisations nationales dans des tribunaux de provinces reculées où l’électricité n’existait même pas. De là, ils proposaient à qui que ce soit de s’associer avec eux, moyennant finance, pour exploiter des machines parfois non homologuées » détaille le contrôleur général. « Le ministère a du déposer une plainte contre le pouvoir judiciaire qui avait assumé des compétences qui nous correspondaient. Cela paraissait illogique à tout le monde : l’Etat qui attaque l’Etat en justice ! Mais finalement le Tribunal constitutionnel nous a donné raison et toutes les autorisations d’exploitation ont été annulées en février 2007 ».
Aujourd’hui, que sont devenus ces juges ?
Manuel San Roman se rappelle une conversation avec le président de la Cour suprême. « Nous sommes allés voir le président de la Cour suprême qui nous a dit ‘Nous avons 2000 juges au Pérou, parmi lesquels une vingtaine ont parfois posé problème’. Aujourd’hui, ces juges ont été dénoncés par notre procureur ad hoc, du ministère, et très souvent le pouvoir judiciaire nous a donné raison ».
Cette annulation a permis au ministère du Tourisme de reprendre la main en matière d’autorisation des casinos : entre décembre 2006 et mars 2007, les opérateurs ont eu 90 jours pour déposer des demandes d’exploitation en bonne et du forme. «Mais comme souvent au Pérou, les gens ont attendu le dernier moment. Le dernier jour, il y avait la file car tous les opérateurs se sont dit ‘il faut y aller sinon ils nous fermeront nos établissements’ ».
Confiscations
Aujourd’hui, l’essentiel de l’activité de la division « casinos » du ministère du Tourisme consiste à délivrer des autorisations d’exploitation à l’issue d’une enquête d’homologation. Les machines d’abord : pour être homologuées, elles doivent redonner 85% des mises aux joueurs, au terme de plusieurs millions de mises. Les établissements ensuite : ils doivent être aux normes de sécurité, interdits aux mineurs et situés à plus de 150m des écoles et des lieux de culte. Enfin vient l’enquête financière pour déterminer s’ils sont tenus par des sociétés saines.
-Vous ne craignez pas la prolifération du blanchiment d’argent ?
San Roman l’assure : «L’unité d’investigation financière qui contrôle tous les opérateurs n’a signalé pour l’instant aucun cas suspect ».
Le travail d’homologation permet également de faire rentrer les casinos et salles de jeu dans le giron fiscal de l’Etat, auquel ils avaient échappé jusque là. Or aujourd’hui, on comprend pourquoi l’ambiance est plutôt bonne dans le bureau de Manuel San Roman à San Isidro. Sur un mur, à côté de la liste des établissements autorisés, il affiche la courbe ascendante de l’impôt perçu sur les casinos depuis son arrivée. Le montant total est passé de 3 à 12 millions de soles par mois. « On prévoit d’atteindre les 16 millions, compte tenu de nos calculs de perception de l’impôt sur les 60 000 machines à sous que compte le Pérou ».
M. San Roman n’hésite pas mettre en avant ces nouveaux revenus pour demander des moyens supplémentaires lorsque le comptable du ministère lui rend une visite impromptue. Selon la répartition fixée par la loi, 15% de l’impôt sur les salles de jeux tombent dans l’escarcelle du ministère du Tourisme. « Il serait temps d’acheter de nouveaux véhicules pour les opérations de confiscation. L’autre jour lors de la fermeture d’un établissement clandestin à San Martin de Porras, notre fourgon nous a posé des problèmes, alors que toute la presse était là ! ». « On en était presque à pousser nous-même le véhicule », ironise l’un de ses assistants.
En effet les salles de machines à sous qui n’ont pas déposé de demande d’autorisation sont condamnées à être fermés. Régulièrement, des opérations de confiscation sont organisées. La présence de la police est nécessaire car parfois, ces opérations ne se passent pas sans heurts : « Je me souviens d’une fois où l’on a fait fermer une salle, mais quand nous sommes arrivés pour saisir les machines à sous, la population nous est tombée dessus ! Pourquoi ? Car le casino donnait de l’argent à la population pour les évènements publics. C’était une vraie autorité », se rappelle San Roman.
L’autre volet du travail du contrôleur général des casinos consiste à lutter contre les « machines chinoises ». Fabriquées de manières artisanales, on les trouve dans les boulangeries, les marchés de quartier, ou les petites épiceries. Elles sont destinées aux enfants et sont souvent décorées de Pokemon ou d’autres figures de dessins animés à succès. Les autorités craignent qu’elles ne sèment l’obsession du jeu chez les plus jeunes.
Car au-delà de la clandestinité économique, les machines à sous pour enfants risquent de fabriquer à la chaîne des accros au jeu. Dès la libéralisation des casinos en 1999, les autorités n’étaient pas dupes des effets pervers du jeu de hasard sur la santé publique. Ainsi, la loi consacrait une partie de l’impôt des casinos à des campagnes de prévention.
Incurable
« Avez-vous déjà empiété sur votre temps de travail ou sur vos cours pour aller jouer au casino ? Vous est-il déjà arrivé de jouer pour résoudre des problèmes financiers ? Avez-vous déjà parié pour oublier vos problèmes ? ». Ces questions sont posées dans une brochure distribuée dans les casinos et intitulée « Pour un jeu responsable ».
Cette brochure est l’œuvre des professionnels des salles de jeux qui veulent responsabiliser les joueurs et favoriser la détection de cas éventuels de ludopathie. Un néologisme tiré du latin ludare qui signifie « jouer » met un nom sur la pathologie du jeu compulsif. Petit à petit, la préoccupation pour a pris de l’ampleur même si on sait peu de choses à l’échelle nationale car le Pérou manque encore de chiffres concernant la ludopathie. Mais au Centre d’information et d’éducation pour la prévention de la toxicomanie à Lima (CEDRO), le constat est sans appel : « Depuis les années 2000, les statistiques montrent que cette addiction devient un problème de santé publique. Il y a une coïncidence avec l’augmentation du nombre de salles de jeux ». Cela fait 19 ans que le centre existe et « avec le temps de plus en plus de gens se sont présentés à nous avec des problèmes liés aux jeux. La demande de soins a augmenté et c’est pour cela qu’on a créé un service d’aide spécialisé », explique Alonso Vergara Tassara, psychologue spécialiste en traitement des addictions liées aux jeux de hasard.
La prévention est d’autant plus nécessaire «qu’on ne peut guérir du démon du jeu et le seul moyen de s’en sortir est d’acquérir ou de renforcer ses capacités de résistance pour mieux contrôler les situations qui poussent à jouer », avertit le spécialiste.
Pourtant, la préoccupation des autorités semble être récente. Pour le moment, les professionnels de la santé observent que rien n’est fait pour avertir la population des dangers du jeu. « Si l’on ne mène pas une politique de fermeté, le nombre de machines à sous augmentera, tout comme les cas de ludopathie. Il doit y avoir des affiches rappelant que le jeu peut être nuisible pour la santé. Mais pour l’instant il n’y a pas le moindre message. Comme à l’Atlantic City, récemment installé sur l’avenue Benavides, ce bâtiment est un mastodonte », déplore Alonso Vergara. Ce psychologue suggère la diffusion de spots télévisés et de messages similaires à ceux apposés sur les paquets de cigarettes.
Ludopathe
Les différents motifs qui poussent à jouer ont mené les autorités à établir une typologie entre les joueurs. Le ministère du Tourisme et le centre de lutte contre les drogues distinguent d’abord le « joueur socialisé », qui joue pour se divertir tout en étant capable d’arrêter de jouer lorsqu’il le souhaite. En second lieu on trouve le « joueur à problèmes » qui parie souvent, se contrôle moins et rencontre parfois des problèmes liés au jeu. On a enfin le « joueur pathologique » qui n’a aucun contrôle sur le jeu et voit ses relations personnelles se détériorer. L’attirance pour l’argent facile, l’excitation liée au pari font la différence entre le divertissement et l’addiction.
A l’échelle du centre de prévention et d’aide de Lima, la « ludopathie » occupe le 4e rang en terme de nombre de personnes soignées, après le cannabis, l’alcool et la cocaïne. Sur les 1818 patients en 2006, 12% ressentaient cette envie compulsive de jouer, doublée d’une excitation et d’une tension au moment de miser de l’argent au casino. Selon les statistiques du CEDRO, la majorité des patients frappés de ludopathie sont des hommes entre 25 et 35 ans. Mais malgré cela, n’importe qui peut être touché par la ludopathie, et quelque soit le contexte économique, social, sexuel, religieux dans lequel vit la personne ».
L’obsession pour les machines à sous et les casinos est un phénomène nouveau et va de pair avec l’évolution des jeux de hasard. « Depuis longtemps les jeux ont quelque chose de culturel », rappelle le psychologue du CEDRO. Mais les machines à sous semblent avoir pris le pas sur les jeux de bon papa. « L’hippodrome attire moins de monde, certaines arènes de combats de coqs ont fermé comme celles de Surco ou San Juan de Miraflores. Les loteries perdent de l’importance au profit des jeux qui font appel à la technologie ». Or les machines à sous rendent le joueur beaucoup plus passif. «L’électronique favorise plus l’addiction dans le sens où il n’y pas d’effort à faire. Avant, les courses de chevaux impliquaient des calculs, ou un investissement dans un cheval par exemple. Avec les machines, le joueur se dit ‘je m’assoie et j’appuie sur le bouton’ » explique Alonso Vergara.
Rouge ou noir
Abondance et confort, les casinos et les salles de jeu ont bien rodé leur technique d’incitation au jeu. Et que les clients pauvres se rassurent, certaines machines à sous permettent de jouer simplement quelques pièces de monnaie. Cigarettes, nourriture et bien sûr alcool sont en distribution gratuite ; d’autant que d’innombrables serveuses en mini jupe évoluent entre les tables de jeux pour convaincre les clients à consommer. Selon les données récentes d’une grande banque péruvienne qui compte plus d’un million de clients, les casinos représentent le 4e poste de dépense de consommation pour le total de sa clientèle.
Personnellement, je n’avais jamais mis les pieds dans un casino. L’accès y est interdit aux mineurs et après mes 18 ans je n’ai jamais eu l’occasion d’y aller puisqu’il n’y aucune salle à Paris. Et de toute façon dans mon esprit, les casinos étaient des lieux très sélectifs seulement accessibles à quelques personnes ayant les moyens de jouer leur argent. Dans mon imaginaire le casino restait tout même cet endroit où résonne le bling bling les pièces de monnaie se déversant par milliers dans les bacs à jetons de quelque veinard.
Un soir, avec deux amis, je décidais donc d’aller batifoler sur les moquettes épaisses de quelque casino. J’ai choisi l’Atlantic city et son porche démesurément grand, entouré de deux cascades artificielles donnant sur la rue. Il est situé en face d’un hôtel 5 étoile et sa clientèle se compose de beaucoup de touristes.
À l’entrée, deux grosses portes opaques étaient gardées par un vigile déguisé en magicien, haut-de-forme et cape de rigueur. La porte d’entrée donnait sur la salle des machines à sous. Dans ce labyrinthe, quelques joueurs aux yeux rivés sur leur écran et le visage presque indifférent, appuyaient machinalement sur le bouton de lancement des figures à aligner pour gagner le fameux bingo. Plus loin, dans l’espace des jeux de cartes, des femmes plutôt âgées, des hommes de 30 ou 40 ans, ainsi que des touristes aux mines peu engageantes étaient accoudés aux tables. « Ça sent le vice » m’a alors dit l’une de mes amies, elle aussi mal à l’aise de se retrouver dans cette ambiance.
Dans un coin de la salle, le visage gris et les traits tirés, un homme commençait à s’énerver sur une table de black jack. Il redemandait des cartes d’un geste brutal qui ne paraissait affecter en rien la croupière. Cette dernière continuait impassiblement à manipuler avec une incroyable dextérité les jetons lourds et les cartes sur le tapis vert. Bam ! Le joueur a alors frappé un coup violent sur la table après avoir perdu pour la septième fois consécutive, assez rare au black jack, un jeu facile et instantané. Le croupier distribue des cartes à chacun des joueurs qui ont pour objectif d’atteindre un total le plus proche possible de 21, en additionnant leurs cartes. Chaque joueur est contre la banque et lorsque plus personne ne demande de cartes, le plus proche de 21 gagne la valeur de sa mise.
Pour être retourné à l’Atlantic City, j’ai pu constater que ce casino était probablement l’unique endroit du Pérou où l’on ne vérifiait ni les billets de banque, ni les pièces de monnaie. Une pièce de deux soles qu’on m’avait refusée partout m’a été acceptée sans aucune hésitation au casino. Quant aux coupures de 100 soles, les guichetières les prennent sans s’attarder une seconde pour vous les changer en jetons de casino. On est loin des petites épiceries de Lima où les caissiers se livrent à un cérémonial de vérification des billets pour chaque client. Combien de fois je suis resté bouche bée lorsqu’on scrutait, grattait, étirait un simple billet de dix soles pour vérifier s’il n’était pas faux.
Diversion ou addiction
Au casino l’Hacienda, à Miraflores toujours, là où travaille Amelia, la croupière qui a bien voulu répondre à mes questions, l’ambiance est moins fastueuse. Ici, la mise minimale est de cinq soles, soit à peine plus d’un euro. « Les tables de jeux attirent surtout les hommes d’environ 40 ans tandis que les machines à sous séduisent surtout des femmes de 50 à 60 ans», observe Amelia, croupière dans cet établissement de jeux depuis huit mois. « Ici la clientèle se compose surtout de gens qui viennent pour gagner, il y a beaucoup de ludopathes. » Rien à voir avec le Sheraton, où Amelia travaillait dans le casino du même nom, jusqu’à ce qu’il ferme ses portes il y a quelques mois. « Là-bas il y avait surtout des touristes. Evidemment, les pourboires étaient meilleurs et les conditions de travail étaient plus agréables. Les gérants étaient américains et nous n’étions pas des ‘employés’ mais des ‘associés’ ». À l’Hacienda, tenu par des asiatiques, les conditions de travail sont un peu moins bonnes : il y a plus de clients, les pauses sont moins longues et un membre de la direction surveille en permanence les croupiers, qui il est vrai, ont la responsabilité supplémentaire de pouvoir changer de l’argent en jetons. « Ils se méfient tout le temps de nous. Dans les casinos, les relations avec les clients doivent être limitées pour éviter toute complicité. Je me rappelle de cas de croupiers qui au moment du recomptage de la caisse vers 7h du matin, faisaient tomber des jetons par terre, les stockaient dans leurs chaussures et les donnaient à des clients pour qu’ils les change en liquide ». Touriste de passage ou obsédé du jeu, le client de casino peut aussi avoir le profil du mauvais joueur. « Certaines personnes ne savent pas perdre. Ce sont surtout les hommes qui s’énervent en jetant leur chaise ou leurs jetons à la tête des croupiers. Lorsque c’est une femme qui donne les cartes, ils se contiennent un peu plus. Un jour, un client ivre et irrité m’a tout de même traitée de hija de puta ».
À l’origine, le « croupier » désignait, par métaphore, l’employé par un banquier pour compter les sous. Le mot signifiait au sens concret « celui qu’on prend en croupe », c’est à dire derrière soi sur un cheval et qui symbolise la relation d’associé dans une entreprise. Aujourd’hui, les croupiers de casinos sont des employés qui manipulent sous forme de jetons, toutes les nuits, des sommes équivalentes à plusieurs fois leur salaire mensuel. Par conséquent, la tentation du vol arrive vite. Mais Amelia me prévient : « C’est très risqué. Je pourrais perdre mon travail pour avoir volé un jeton de 15 soles. Et il y a des vidéos partout ». Au cours de la discussion, Amelia la croupière a reconnu qu’elle avait des projets en tête. Elle apprécie l’ambiance des casinos à Lima mais l’envie de gagner plus d’argent l’a poussé à postuler pour travailler ailleurs. Dans quelques mois, elle passera un examen qui lui permettra peut-être de travailler sur un bateau de croisière. « Le rythme de travail est assez soutenu mais on alterne des périodes de travail de six mois avec des vacances de deux mois, donc le sacrifice vaut le coup ». Et puis qui sait, peut-être que ce nouvel emploi lui permettra d’aller plus au nord, à Las Vegas, la terre promise du rêve américain où rêvent d’aller tous les employés de casinos.
Concurrence
Mais en attendant, Amelia, continue de travailler quotidiennement de 10h à 6h du matin environ, à l’Hacienda. C’est là qu’un soir j’ai fait une rencontre significative. Je me suis assis à une table de black jack, entre une femme âgée au maquillage outrancier et un homme au costume bien ajusté, avec environ 200 soles en jetons devant lui. Entre ses conseils de jeu, j’apprends qu’il s’appelle Emiliano et travaille pour le groupe Thunderbird. Les modulations de son accent et sa prononciation des ‘ll’ trahissent une origine argentine. Il me tend alors une carte de visite annonçant sa fonction chez Thunderbird : « security manager », tout en me glissant à l’oreille qu’il travaille dans la branche casinos du groupe. Argentine, Venezuela, Panama, Emiliano m’énumère les pays dans lesquels il avait travaillé pour le compte de sa firme présente sur tout le continent américain. Il se trouve maintenant au Pérou, avec l’intention de se stabiliser car le groupe dans lequel il travaille venait d’investir 43,5 millions de dollars en 2007 pour le rachat d’hôtels et de casinos. « Ici il y a de quoi faire dans le milieu des casinos et des hôtels », a t’il insisté en prenant l’air expérimenté.
L’entreprise Thunderbird est plutôt bien vue au MINCETUR. San Roman, le contrôleur général des casinos avoue « qu’au fond, nous souhaiterions que se développent les casinos sur les principaux sites touristiques comme à Arequipa, à Cuzco et à Chiclayo ». « Nous cherchons des entreprises aux capitaux solides comme l’entreprise Thunderbird qui vient de racheter les hôtels péruviens Las Américas. Plus qu’une chaîne d’hôtels, Thunderbird est intéressée par le développement de casinos ».
En soumettant les casinos aux même normes, l’Etat espère que le jeu de la concurrence obligera certaines salles à fermer. Moins de machines à sous et plus de salles de casinos, tel est le but des autorités qui veulent canaliser l’activité vers le tourisme et le divertissement. Ainsi, plutôt que de voir grossir la constellation de salles de machines à sous dans lesquelles les Péruviens de toutes les villes de province vident leur porte-monnaie, l’Etat veut favoriser les grosses chaînes d’hôtels-casinos, plus faciles à contrôler. Or pour l’instant, des licences ont été délivrées pour un peu plus de 70 salles seulement, soit environ 10% du total existant. Il faudra donc encore attendre quelques années avant que le Pérou ait totalement repris le contrôle de ses roulettes, tables de poker et autres bandits manchots.
Libellés :
Chroniques en tous genres,
Pérou
Le Pérou en photos
Tout d'abord désolé de ne pas avoir publié plus d'articles sur le Pérou ces derniers temps. Mais je vais me rattraper doublement. J'ai enfin terminé ma chronique-reportage sur les casinos au Pérou. Un travail de 7 pages dans le cadre de mon cours de chronique journalistique à la fac. Un vrai plaisir à écrire, ça change des papiers de 1500 signes!
Mais en attendant, je vous propose de découvrir le Pérou en photos, via ce diaporama. Il faut cliquer 3 fois pour agrandir une photo. La majorité des photos sont miennes, sauf quelques unes de Lisa, icône de la photo péruvienne contemporaine.
Mais en attendant, je vous propose de découvrir le Pérou en photos, via ce diaporama. Il faut cliquer 3 fois pour agrandir une photo. La majorité des photos sont miennes, sauf quelques unes de Lisa, icône de la photo péruvienne contemporaine.
Libellés :
Chroniques en tous genres,
Pérou
Inscription à :
Messages (Atom)



